Quisimos llamarnos como ellos, por el apellido

Leo a Kamenszain, así por su apellido, y no puedo evitar ese sentimiento de desapego que nace en mí desde muy dentro y desde muy chica. A mí, que nunca me gustó que me llamarán por mi apellido, la leo y pienso: 

yo no soy Cortina, 

y si lo fuera, no sería a secas,

sería Cortina Zapfe. 

La realidad es distinta. El apellido viene dado, es un compromiso cargado de un listado extenso de características y expectativas heredadas. 

Cortina es hija de B., 

nieta de Carmela: 

señorita, pierna cruzada, boca pintada.

Pintada ella, en realidad, 

porque calladita se ve más bonita. 

Y así era, entre mujeres era CARMELA, así en mayúsculas. Se daba a respetar, tenía un genio bárbaro. Dícese que en su juventud tenía un don de hombres que era digno de admiración. Pienso con certeza que ese don de hombres debió de ser muy distinto en ese entonces. 

Algo tendré de Carmela. 

Zapfe es hija de A., 

nieta de Isabel:

señorita, siempre bien vestida, acomedida. 

Servicial porque sabe su lugar,

y lo respeta.  

Y así fue, su lugar era con su familia. ISABEL, también en mayúsculas, porque en tiempos como los de ella, al hombre se le perdonaba cualquier cosa y sin embargo, los pantalones los llevaba ella y mejor puestos que cualquiera. 

Más tendré de Isabel. 

Anne Cortina Zapfe

hija de B. y de A.: 

bonita como su madre, 

inteligente como su padre,

esposa de revista y una madre excepcional. 

Porque claro, nació niña,

será esposa, será madre.

Pero no es así. 

Anne es Anne, a secas. Y si, nací niña, crecí mujer. Sin sueños de un matrimonio convencional, porque al final lo que uno quiere es compartir y a diferencia de lo que todos digan: papelito no habla. El que quiere estar está, y el que no, no. Aunque lo tenga firmado

Cortina porque soy Carmela (y también Francisco),

Zapfe porque soy Isabel (y también Hans).

Cortina porque soy mi padre (y también sus hermanos),

Zapfe porque soy mi madre (y también sus hermanas).

Cortina Zapfe porque soy mi hermano. 

Anne porque amo, porque aprendo, porque lloro, porque crezco.

Anne porque pienso mucho. 

Anne porque lloró más. 

Anne porque río poco, pero con ganas y con todo el cuerpo.  

Anne porque nací niña,

crecí mujer

y eso no define nada.

Anne, a secas. 

Libre de decidir que bonita no me veo más bonita. Libre de escoger mi lugar. Los tiempos cambian, los roles también y sin embargo, el apellido te lo arrebatan cuando pasas de manos. Podrán llamarme como ellos, pero el día de mañana, si así lo decido mi apellido no me lo quita nadie.

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Crónica de amor propio #1