Crónica de amor propio #1

La tormenta que desató un corte de pelo

Fui a cortarme el pelo hace un par de días durante la visita que hice a mis padres, y esque únicamente me corto el pelo con L, mi estilista desde que tengo quince años. Suena un tanto snob, lo sé, pero después de cambiar cien mil veces de look (cosa que sigo haciendo aunque cada vez con más toques de cordura que de locura) y pasar por las desgracias de un decolorado horrible, un fleco mal hecho y una serie de exes que todo criticaban (porque una siempre se ve mejor como estaba antes, así - estática) opté por quedarme con ese pequeño porcentaje de estabilidad y seguridad estilística que me regala L. 

L sabe muchas cosas de mí, de la misma manera en la que yo sé muchas cosas de L: relaciones amorosas, amistades, rupturas, disputas familiares, viajes, gustos, celebraciones, las piedras con las que tropezamos dos veces (o más) y aquellas oportunidades que dejamos pasar. En fin, un poco de todo. Él tiene una mirada distinta de ver algunas cuestiones sociales y reglas impuestas, de las cuales yo he ido tratando de escapar (con el pesar de mis padres). Aún consciente de estas diferencias, me sorprendió el impacto que tuvo en mí un comentario que hizo el otro día y al cual, una semana después sigo dándole vueltas: si a los 35 años sigues soltera tienes que empezar a cambiar las cosas. Eres una chingona, pero la pareja es importante y necesaria. A partir de los 35 no más maestrías, no más estudios, menos leer y mas buscar vato. 

No es la primera vez que me hacen un comentario de esos, es más, hace un par de meses una tía se tomo la libertad de “recomendarme” que ahorre y que de cumpleaños, me haga el mejor regalo que podría darme: congelar mis óvulos. Porque a este paso voy a necesitarlo y porque obviamente quiero tener hijos (con pareja o sin pareja, porque cómo podría no quererlo). Mi mamá cada vez que me ve respondiendo un voice note me pregunta si ya por fin estoy saliendo con alguien.

Y eso solo en mi núcleo familiar y tomando en cuenta que mis abuelas ya no pueden opinar. Aunque en su momento O P I N A R O N(así, con mucho énfasis)

No suelo prestarles mucha atención, me he ido acostumbrando y asumo, que en algún punto pararán, o no, y no me importa más. O al menos eso creía. 

  • ¿Por qué tendría que dejar de estudiar para encontrar pareja si eso es lo que a mí me gusta? 

  • ¿Por qué mentir con respecto a mi trabajo y mi sueldo para no herir susceptibilidades? 

  • ¿Por qué soy yo la que tiene que cuidar su masculinidad frágil y no él apoyarme en mi camino?  

  • ¿Por qué soy YO la que tiene que hacer cambios y dejar de hacer su vida para que él susodicho aparezca? Y no solo eso, sino que además este contento. 

R me dio anillo y dije que no. Con D solo era cuestión de darle gusto en todo sin recibir nada a cambio. Con J había que ser su mamá porque #mommyissues y baja autoestima. Con L había que decirle a todo que sí, con ganas o sin ganas, para que de todas formas siempre reclamará algo. Con S todo era peda y vivir el día porque el presente es eso, un regalo (y un chingo de miedo al compromiso). Con Re había que lidiar con su constante excusa de déficit de atención porque no escuchaba nada que no fuera sobre sí mismo. A C ni la oportunidad le di, nada como una primera cita y que salga ahogado para salir corriendo. Y cómo olvidar a O, aquel que decidió mandar un voice note de 23 minutos diciendo que me había sentido distante durante mi viaje familiar después de únicamente un par de citas.

¿Qué habría pasado de haberme conformado? Con cada ruptura recibía un eres demasiado exigente de parte de algún ser querido. Con cada ruptura recibía un ¿tendrán razón? de mi misma.

Hoy lo pienso y sé, que esa lista, aunque incompleta, y donde la mayoría ve fracaso, yo veo amor propio, aprendizaje, crecimiento. Soy, completa y sin necesidad de nadie, aunque con ganas de encontrar con quien compartir(nos). Soy, completa y no me conformo con pinceladas de un amor bonito teniendo todo un lienzo en blanco. Soy, completa y así, sin pareja a mis 32 años, soy mas yo que nunca.

Crónicas de amor propio #1 

Porque donde una es demasiado algo, ahí no es. 

O como decía la abuela, a fuerza ni los zapatos entran.

Renacer de las cenizas‍ ‍

Te recuerdo

exigiendo un deber ser

que ni tú estabas dispuesto a dar.

Me recuerdo

dando todo por intentarlo

y perder el rumbo en el camino.

Hoy camino sola

y entre verdes

y sueños saboreo

la libertad;

la libertad de ser

con uno

lo que le venga en gana.

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Quisimos llamarnos como ellos, por el apellido