Crónicas de amor propio #3
Lo que no dije: notas de un círculo de escritura y una promesa cumpleañera
Hace un par de meses volví a participar en un círculo de escritura con Cin. No era la primera vez, me gusta que aborda la escritura desde un todo. Y es que yo escribo con todo el cuerpo: me muevo, me contorsiono, me estiro, me abrazo y en ocasiones, me duelo también. La dinámica es simple, ejercicios de escritura con consignas claras, sencillas y que construyen una sobre la otra. Lo que no dije, esa fue la temática de ese último círculo.
Yo tengo una cajita de música en el pecho. Cuando era pequeña, mi abuela me regalo un alhajero triangular con la inscripción My heart is yours en la tapa y que, al abrirlo, suena alguna sonata de Beethoven (no recuerdo cual). En su momento, ese alhajero fue una promesa. Hoy, es un lindo recuerdo. Durante años guardé todo lo que yo consideraba de valor en mi cajita. Cuando pienso en todo lo que no he dicho, pienso en mi alhajero, pienso en mi abuela y las muchas cosas que me gustaría contarle ahora. Decir lo que pienso y decir lo que siento es algo que sigo trabajando en terapia.
Hoy cumplo 35 años y estoy cansada. Vine a Londres a pasar mi cumple, a pensar, a entender. He llorado mucho estos días. También he reído. Hay días en los que no hago nada, me permito ser inútil. ¿En qué momento adopté estar ocupada como estilo de vida? Descansar y sentirme culpable. Comer y sentirme culpable. Fallar y sentirme culpable. Sobresalir y sentirme culpable. Crecer y sentirme pequeña, insuficiente. Y, sin embargo, sentirme grande, como si ocupara más espacio del que me fue asignado.
Tengo varios meses con un peso constante en mi pecho, un candado cuya llave no encuentro. Una sonata que quiere salir, recordarme esa promesa de que todo estará bien, de que soy suficiente, de que merezco ser amada. Hoy cumplo 35 años y decido no callar más. Ese es mi auto-regalo: abrir mi cajita, dejarla sonar, ocupar todo mi espacio.
Dancing in the Moonlight, el soundtrack del año en el que me reencuentro conmigo, cambio el rumbo y piso con fuerza.
(Y bailo, bailo mucho <3)
Notas de un círculo de escritura que me movió el piso
Lo que no dije y debí haberlo hecho en su momento.
Que odiaba encontrar los restos de tu barba en el baño todas las mañanas, y el olor de tu desayuno especial para curarte la cruda. Tu manera de abordar la vida, con desconfianza. La gente siempre intentará herirte, decías, nadie es bueno si no le conviene. La incongruencia: a veces sí, a veces no, pero siempre a tu manera. Sí, mamá, S es mi novio, no mi landlord. Sí, papá, R me pegó y necesito ayuda. No L, hoy no me siento bien y no puedo contenerte. La desidia: dejar todo inconcluso. Pintar el cuarto y dejarlo a la mitad. Lavar los platos, pero no todos. Comprar el mismo libro para terminar contándote el final porque no pasaste del capítulo tres. La falta de interés: todo a medias. Sí, L, sí ganó más que tú. No, D, que no se te paré no es culpa mía. No quiero nada contigo, y no, no soy yo, eres tú, JC. La culpa: sentirme menos y aceptar menos. Sentirme poco y recibir poco. Cerrar los ojos, poner la mejilla y recibir el golpe. No, no puedo trabajar este fin de semana. No, tampoco puedo trabajar horas extra. Me gusta el teatro, la música en vivo, pero me da pena compartirlo contigo. Odio que tomes tanto porque te pones mala copa. Especialmente cuando te drogas. Odio el nombre Liz, porque era el que me ponías cuando estabas pedo.
Lo que no dije para no herir(me)
No, no quiero tener hijos y tampoco quiero adoptar un gato. No es una cuestión de tiempo, y no, no es negociable. No me siento segura: estoy gorda. No me siento segura: está muy pedo. No me siento bien cuando estoy contigo. Y contigo tampoco, aunque seamos familia. Tus celos, tus drogas, tus escenas en público. Desconocerte a las 3 de la mañana un día sí y un día no. No merezco esto. Sí, hablo y río con el cuerpo y no, no puedo ni quiero hacerme menos. Te amo, pero no a costa mía. No me gusta por el culo, no contigo. No, tampoco es negociable. Sí, lloro por todo y no, no me da pena llorar viendo Moana. Extraño a mis abuelas, aunque siempre opinaran sobre mi cuerpo. Extraño a mis abuelos, aunque no recuerde sus voces. Quiero aprender a quererme. Quiero ser esa mujer segura que todo el mundo piensa que soy. Creerme mi acto. No abuela, no quiero ir a misa y tampoco sé si quiero casarme. No abuela, papelito no habla. No, abuela, yo no creo que el amor sea una lucha, y mucho menos una en la que yo salgo perdiendo solo por ser vieja. No, abuela, no existe eso de ser una mujer quedada. Aunque sí, mi mayor miedo es morir sola. Siempre después de mi miedo a las arañas. Y no, no quiero casarme contigo Shaun. Tampoco contigo Rubén.
Lo que no dije y decido nombrarlo
Mi cuerpo está cansado de ser el objeto de mis pesares, de mis burlas, de mis críticas: que si el sobrepeso, mis rollitos, mi piel tan blanca, mis ojeras de mapache y mis nuevas canas. De buscar continuamente alternativas a todo, cómo hacerlo mejor, nunca un lo hicimos muy bien. De no decir lo que piensa, de esconder lo que siente, de pedirme a gritos que lo escuche. Un dolorcito de cabeza como advertencia a mis largas jornadas de trabajo y poco descanso. Una migraña porque ya dejamos de comer. La fiebre porque después de un mes de dormir tres horas, trabajar 15 y además exigirle un poco de ejercicio haciendo una comida al día ya no puede más. La anemia porque necesito PARAR. Grita y no escucho hasta que me frena en seco tres días. PAUSA, que hoy empezamos de nuevo. Mi cuerpo está cansado y listo para ser amado. Así, gordo, herido, intenso. Mi cuerpo está cansado y listo para seguir sosteniéndome como lo ha hecho siempre. Con miedos, con ganas, con fuerzas. Mi cuerpo está cansado, y hoy, por fin estoy lista para mirarme de nuevo. Habitarme completa. Volver a mí.